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100 años de Orson Welles

Mi tío ha compartido conmigo esta semana sus notas sobre Orson Welles. En su centenario pocos medios se han hecho eco de este personaje, pero la programación de la Filmoteca de Catalunya nos ha brindado la oportunidad de conocerlo. Hasta el 30 de junio podemos asisitir a proyecciones, charlas y debates. Por cierto, no intentéis conseguir entradas para la obra Feliç Centenari Mr. Welles de Josep Maria Pou y Carles Canutporque están agotadas. Para las distraídas y distraído, tenéis que ir a las proyecciones de Cradel will rock (1937) o The Stranger (1946)allí nos econtraremos. Y, por último, permitirme haceros una recomendación de la mejor película de Welles: F For Fake (1973).

Aquí la programación de la Filmo: http://www.filmoteca.cat/web/programacio

En el principio fue Orson Welles. El Cine ya existía cuando él nació (1915), pero fue Ciudadano Kane (1941) la obra que proporcionó sentido a todo lo que otros habían filmado anteriormente, la obra que permitió desde entonces poder hablar de una Historia del Cine y saltar de la magia de Méliès a la de 2001, o enfrentar  la concepción del ritmo en Eisenstein con la del propio Welles, comparando por ejemplo la batalla deAlexander Nevsky y la de Campanadas a medianoche. El Tarvernier-Coursodon dice escuetamente de Kane: “Balance de 20 años de cine y manifiesto de los 20 siguientes”.

 Welles enriqueció el arte fílmico aportando auténtico relieve moral, extrayendo dimensión humana a sus personajes más odiosos, arrebatándoles espacio de su discurso sobre el poder y la ambición para obligarles a ofrecer confesiones de amistad o de amor, como en Shakespeare: qué raro que Harold Bloom, mencionando a tantos otros, no se refiera a Welles en su Shakespeare, la invención de lo humano.

Dotado naturalmente para la belleza pictórica del encuadre (como Ford o Mizoguchi), prefirió los laberintos musicales del montaje, el corte justo, el contrapunto y la armonía. “Un film sólo es bueno cuando la cámara es el ojo en la cabeza de un poeta”, dijo. Su punto de vista predilecto fue el contrapicado, que algunos relacionaron con la visión del drama desde el patio de butacas, idea que apunta a sus orígenes teatrales, pero que se identifica más acertadamente con la mirada desde la estatura del niño, esa apariencia del mundo siempre en escorzo. Como no podía verlo todo a la vez como un dios, cultivó el movimiento de cámara; como no podía oírlo todo, exploró minuciosamente el sonido. Godard dijo de él: “Todos, siempre, se lo deberán todo”.

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